Hace ya un tiempo, mi amigo y pintor Gabriele Fettolini me llamó avisándome que vaciaban el almacén de una tienda de bellas artes aquí a la vuelta de casa. Allí fui y enseguida me recordó la película de Zorba el griego, cuando muriendo Bubulina, la amante de Zorba, las ancianas del pueblo se aparecen en la habitación esperando el desenlace para apropiarse de cuantos bienes pudieran. Pues tal como aquellos usurpadores entré en el mohoso almacén atiborrado de objetos preciosos: resmas de papel, pinturas, pigmentos, etc. La fuerza y la oportunidad me dio para dos viajes del almacén a mi taller ya que la marabunta arrasó las estanterías en cuestión minutos. De este expolio viene una pila de cartulinas de papel color garbanzo.
Comienzo una nueva serie de trabajos en estas cartulinas motivado por muchas ideas, la del espejo, la imagen reflejada, la Caverna de Platón, el Test de Rorschach y el concepto del Otro. Técnicamente me planteo trabajar casi como si fuera un grabado: pinto sobre una cartulina que oficia de matriz, con la pintura fresca pongo encima otra cartulina sobre la que ejerzo una cierta presión. Al separarlas y tomando uno de los lados como eje de rotación, la imagen se completa. Los trazos de un lado fueron hechos con intención, pasaron por el filtro ordenador de mi cabeza y del movimiento de la mano. Los que resultan del reflejo tienen un espíritu distinto, los reconozco pero ya son otros.
Espejo 1. Pienso en un mar espejo de otro. Corrientes y algas en continuo movimiento.


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Últimos trabajos del 2010.
En los estantes donde guardo los papeles, semiocultos, quedaban los restos de una resma de papel con barbas que compré hace más de 15 años. El tiempo les dejó marcas, arrugas y manchas como las que nos aparecen a las personas cuando envejecemos. Eran como un anciano sin más vivencia que la del paso del tiempo. Correspondía entonces tratarlos con cariño, moverlos con delicadeza y darles un contenido vivencial.
Usando la almohadilla de un frasco de medicamentos y la espátula suave, fueron apareciendo sobre la piel del palpel puntos y líneas como manchas y arrugas, consecuencia ya no del paso del tiempo, sino de su propia historia vital. Nombres y fechas, amigos, novias, momentos de orden y de locura, relaciones y vínculos, reales, inventados, rotos o constantes.
La poesía nos hace humanos, sin ella sólo nos queda la piel inerte.

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Sigo en la tarea de ordenar y volcar a la web trabajos que ya tienen unos años pero que mantienen toda su fuerza y sentido.
L’Avenir fue producto de la casualidad (nuevamente) y de la necesidad de dar forma a la imagen de mi padre (falleció cuando yo tenía 2 años) reuniendo fotografías, amarillentas cartas y recuerdos ajenos. Hurgando viejos álbunes de mi madre en Montevideo encontré su perfil recortado en cartulina negra, recuerdo de su viaje de fin de carrera en Río de Janeiro en 1948. Esa mancha negra era una abstracción pero era él. Me lo traje a Barcelona con otras fotos y muchas imágenes en la cabeza. El azar interviene caprichoso y certero haciéndome tropezar en Las Ramblas con un itinerante que recortaba perfiles en cartulina negra… Habían pasado 50 años redondos entre uno y otro.
De vuelta al taller tenía su perfil y el mío que enfrentados podían finalmente comenzar una conversación trascendiendo el tiempo y el espacio.

L’Avenir, 1998, edición digital sobre papel, carpeta de 30 láminas de 25 x 21 cm. Encuadernación en tela realizada por Pamela Moore.
Texto de Juan Carvajal Franklin para el catálogo de la exposición Obra reciente L’Avenir / Oui-ja / Diari d’Avinyó en el Museo y Archivo Histórico Municipal Cabildo, Montevideo, Uruguay, Marzo 2000.
Las siluetas de sombra de la serie L’Avenir son propiamente ventanas de consumada geometría practicadas en los límites del Tiempo. Si se las mira desde lejos, el conjunto revela su condición de construcción mental y proyecto estructural formado por un número preciso de puntos focales dispuestos de manera que forman una red combinatoria alternando el punto focal y el espacio vacío, como sucede en el arte tipográfico. Y si uno se acerca a contemplar cada ventana o silueta tendrá ante sí lugares, gestos, palabras, simetrías, alas, ruedas, vientos, texturas, espirales, la relación de un viaje, un corazón latiendo, días, sexo, arquitecturas, impulsos, divergencias, rostros e incluso el mapa de esta calle con esta sala y esta exposición y también el ojo del que ahora la está observando y se refleja. No hay materia más dura que la materia del Tiempo y sólo puede moldearla la Memoria. Punto por punto, eso y sólo eso.

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